Una integración económica forzada
Durante largos años, los países centroamericanos han buscado diferentes formas de integración económica a fin de enfrentar como bloque los retos de la globalización y de su propio progreso y eventual desarrollo.
Los primeros años del siglo pasado fueron testigos de los primeros intentos que estos países hicieron con la mira que dejamos apuntada, a veces como un todo regional y otras veces con intentos bi o tripartitos.
La verdad sea dicha, estos esfuerzos no dieron los frutos esperados producto, en gran medida, a intereses mezquinos de ciertos grupos económicos y terceros países, llegándose incluso a pretender que una fábrica de llantas fuera considerada como industria de integración.
Los años pasaron y la Alianza Para el Progreso, junto al episodio bélico entre Honduras y El Salvador terminaron por dar al traste con los anhelos unionistas de quienes integraban en ese momento la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA).
Todo esto, sin embargo, se está trabajando a marchas forzadas, básicamente porque la Unión Europea insiste en negociar su tratado de libre comercio con una Centroamérica unida, que actúe como un solo ente frente a su contraparte europea.
Esto ha tenido como resultado una serie de dificultades, como podría esperarse. La homologación y unificación de los sistemas legales y procedimientos aduaneros; la adopción de una moneda única y la lógica disparidad entre las partes negociantes están probando ser una barrera muy difícil de salvar.
El plazo se está acercando para la firma de este tratado. Estaremos atentos al desarrollo de los acontecimientos.




