Construyendo trenes bala
Santo Domingo.- Hace algunos años ya, tuvimos la experiencia de conocer el tren de alta velocidad llamado AVE en España.
Con sinceridad debo decirles que es una experiencia inolvidable, con la única excepción que la ruta que tomamos en esa ocasión entre Madrid y Sevilla fue como ver pasas por las ventanas una sucesión de imágenes surrealistas.
Acabamos de leer sobre los planes que tiene Japón de mejorar su ya impresionante red ferroviaria de alta velocidad, con la idea de obtener velocidades de 300 kilómetros por hora.
Aunque nos parezca increíble, la idea de los trenes de alta velocidad surgió en el mismo Imperio del Sol Naciente allá por los años 1940, y llegaron a considerar el uso de maquinarias eléctricas que alcanzaban la ya respetable velocidad de 200 kilómetros por hora.
El caso español al que nos referíamos al inicio logró reducir a la mitad el tiempo que un tren tradicional tomaba en hacer la misma ruta, de cinco a dos horas y media.
Las cabinas, asientos y servicios son los que podrían esperarse en una sección “ejecutiva” en un vuelo comercial (un poco más de espacio y atenciones que las que se brindan en clase turista.
Con la expansión que están recibiendo estas maravillas de la tecnología y seguridad, no nos extrañaría que el futuro nos permita mayores velocidades, basadas en la repulsión magnética
la que de por sí es un invento bastante viejito- pero que, evitando el roce directo de las ruedas del tren con los rieles, asegura un mínimo de fricción y, por tanto, un viaje realmente placentero.



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