El futuro de la intermediación inmobiliaria
Hubo un tiempo, que para algunos ya se antoja hasta lejano, en que más de la mitad de la población de este país, se dedicaba, de una u otra forma, a la intermediación inmobiliaria.
Parecía la tarea más fácil del mundo: alguien, generalmente un conocido, quería vender un inmueble, y no había más que publicar un anuncio en un portal de Internet, ofrecerlo por el precio de venta que te habían dicho, añadirle una cantidad ‘al gusto’ en concepto de ‘mordida’ y una coletilla que dijera “más el 3% de comisión. Imprescindible carta de intenciones y reconocimiento de comisión”. Y el negocio, la mayoría de las veces, se hacía.
Era tal la voracidad de los compradores (“mañana valdrá el doble”) y de las entidades financieras (“si quieres dinero, ya sabes dónde estamos”) por ‘comerse’ una parte del ‘pastel’ inmobiliario, que nadie reparaba en que, en innumerables ocasiones, la persona que estaba ‘intermediando’, por llamarlo de alguna manera, no sabía distinguir un local comercial de una nave industrial, un solar urbano de una finca rústica, y, por supuesto, no sabía ni pronunciar correctamente la expresión ‘aprovechamiento tipo’.
Pero un día se acabó la fiesta. La crisis de las llamadas ‘hipotecas subprime’ estadounidenses (hipotecas concedidas a personas sin capacidad de devolución de las mismas, y que sólo se sustentaban en el hipotético incremento de valor del activo inmobiliario) cortó de raíz la espiral de oropel y lujo en que se había convertido el mercado inmobiliario, debido a que las entidades financieras (que, no olvidemos, son las que ponen el dinero) se quedaron sin pólvora para disparar.
Y se paró ‘el baile de la escoba’, y hubo muchísimo ‘inversor’ que se quedó con una, o mas de una, escoba en la mano, y mucho intermediario que, sin la ayuda de una entidad financiera que pusiera, no sólo el dinero, sino el método necesario para finalizar la operación, tuvo que intentar realizar las operaciones en base a sus escasos conocimientos, sin poder poner sobreprecios, y ajustando su comisión al máximo. Y claro, no pudo. Y lo intentó con el alquiler en la creencia de que era facilísimo (“si es la moda ahora… si hay tres demandantes por vivienda”). Y claro, no pudo. Es que también, ¿a quien se le ocurre preguntarle que significa subrogación? Hay que tener mala idea.
Pero no han cerrado todas las oficinas dedicadas al asesoramiento inmobiliario. Es más, de esas no ha cerrado ninguna. Que ahora no hay muchas transacciones es cierto. Pero también lo es que, desde que comenzó esta crisis financiero-inmobiliaria, los que siempre hemos sabido aconsejar a los vendedores acerca del correcto precio de venta, sin espejismos de lo que había “vendido o dicho que había vendido el vecino”, los que no habíamos descuidado el alquiler en ningún momento y, por tanto, sabíamos perfectamente que es un nicho de mercado complicado y con una rentabilidad muy limitada, y los que hemos estado colaborando con la Administración de Justicia realizando valoraciones, es decir, los que no nos hemos dejado guiar por “los cantos de sirena” del dinero fácil, de la búsqueda del sobreprecio y del “gran negocio”; todos nosotros ahora, gestionamos nuestros despachos con más tranquilidad, sin la absurda presión de los oportunistas, y con la misma vocación de servicio al cliente de siempre, sólo que ahora comenzamos a ser reconocidos.
Además, a todo esto hay que sumarle la continua evolución del mercado. En la actualidad, las entidades bancarias son las mayores propietarias de inmuebles en España. Hay que ofrecerle nuestros servicios especializados de gestión de esa inmensa cartera inmobiliaria. Cómo el dinero todavía escasea, las únicas posibilidades de encontrar financiación es acudir al banco a comprar el inmueble, pues hay que sabe orientar al comprador en esa búsqueda. Por otro lado, se abre un potencial mercado para los que nos dedicamos a este negocio en las energías renovables, en la captación de cubiertas aptas para la instalación de plantas fotovoltaicas, en la distribución de las mismas o en la captación de inversores dispuestos a obtener una rentabilidad superior a la media por sus ahorros.
Y cada día surgirán más campos de actuación. El profesional inmobiliario no debe quedarse estancado, no debe quejarse por los tiempos duros que estamos viviendo, ni mantener la ilusa idea de que el escenario va a mejorar ni a corto, ni siquiera a medio plazo. Queda un inmenso ‘stock’ de inmuebles sin vender, y hasta que no sean absorbido por el mercado, no se volverá a crear empleo en este sector. Cuando el “chaparrón” pase, lo que es seguro es que nada volverá a ser igual en el mercado inmobiliario. Ni para la banca, ni para nosotros los asesores, ni para los promotores, ni tan siquiera para los clientes.
Fuente: Germán Navarro, presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Granada.




